La gente tiene una extraña relación con la muerte. Generalmente, el sentimiento que más abunda es el miedo. Qué fuerte pensar que lo único seguro en esta vida es que vamos a morir, y que aún así sintamos tanto miedo.
La gente no sabe cómo reaccionar. Qué decir. Qué hacer. Cuando mi padre murió, hace 7 meses, nadie sabía qué decirme, cómo actuar conmigo, excepto, claro, unos pocos.
Reaccionamos todos de distinta forma, pero no puedo dejar de pensar, que debiésemos cultivar otra relación con la muerte. Hay culturas que celebran la muerte, nosotros le tememos, tratamos de ocultarla, ignorarla, "ningunearla" como se dice en Chile, como si todo eso fuese a evitar que eventualmente nos lleve a nosotros también al pozo de los gusanos.
Le tenemos miedo al dolor que nos pueda producir la pérdida de los que nos rodean, pero ello es inevitable.
En mi casa, a 2 semanas de la muerte de mi padre, mi hermano llegó con la historia de que un amigo suyo había perdido a su padre hacía no sé cuántos meses, y que le había aconsejado deshacerse, lo antes posible, de las ropas del difunto, para evitar mayores sufrimientos y recuerdos dolorosos...
¡Plop!
Sinceramente, para mí, es todo lo contrario! No hay nada que me hubiese gustado más, que la oportunidad de poder revisar con tiempo (no a 2 semanas de su fallecimiento) las ropas de mi viejo, ver cosas con las que me podría haber quedado......cosas que me recordaran especialmente a él. Cosas quizás que él a veces me prestaba y que yo podría ahora usar. Pero no, me dejaron unas maletas ahí en el pasillo para que yo las viera, pero a 2 semanas del suceso, mi mente estaba en cualquier lugar, tratando de retomar el trabajo, y en un evidente estado de shock.
Así que un día vino un camión y se llevó todo.
Y ya, ya pasó, no hay nada que hacer.
Ahora, me encuentro con la sorpresa de ver cajas con los libros de él y sus discos de vinilo en el living, entre los que se cuentan todas las sinfonías de Beethoven en una caja de colección. Para mi madre, la verdad, no significan mucho. Pero, o sea, está más que claro, que ni cagando la voy a dejar deshacerse de todo eso.
Esos libros y esos discos, tienen una escencia profunda de mi padre, tienen su historia, el cultivo de su mente, los rastros de sus ojos al pasar por las palabras.
Todo lo que sé de música, de literatura, de arte, de sensibilidad estética y filosófica, me lo enseñó él, bueno, el impulso, la ansiedad de conocer. Y esos libros y esos discos son un símbolo concreto de esa herencia.
Si algún día tengo un hijo, me fascinaría poder, en algún momento, entregarle un libro diciendo: este libro era de mi padre, él mo lo dió a mí, y ahora yo te lo paso a tí. Cliché, pero en esta etapa, lo aprecio.
Yo creo que el 90% de los libros que tengo me los regaló mi padre, y no es chiste.
Los libros no son sólo lo que dicen, son objetos de arte también, como los discos de vinilo.
Como todas las cosas, los escarabajos que mi viejo ocultaba en el cajón de su velador (¿?), como sus lupas para ver estampillas, como sus pasaportes, los souvenirs de los países por donde viajó, etc, etc, etc.
Mi padre amaba las cosas, el mundo, la vida, la música, el arte...para mí, esa es su verdadera herencia, disfrutar de la vida, cada uno a su manera....sentarse en el sillón bajo el sol de primavera y escuchar las notas brotar de un piano majestuoso, sufriente y bello...ésa es mi herencia. Y eso no tiene precio.