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viernes, agosto 13, 2004

TOLERANCIA 1 (O disgreciones inevitables que van hacia tí).
Holandeses, uruguayos, franceses, estadounidenses, lituanos (no), españoles, chilenos, vaya mezcla. Tolerancia, tolerancia, palabras cordiales, cuasi diplomáticas, de bienvenida, de presentación, RRPP.
Tragos que se preparan según las costumbres de cada cual, pero que se beben casi por igual, considerando, claro, un mínimo nivel de calidad.
Y la locura empieza, empiezan a efervecerse las personalidades, las sintáxis responsables de las formas de pensar, las interpretaciones de la realidad posibles sólo a través del lenguaje.
Entonces brotan los gringos anti-gringos, y los gringos-gringos, los chilenos "muestra la hilacha", y los chilenos piola. Los franceses "yo soy francés" y los franceses "yo soy francés, pero ya" y los españoles "qué pasa tío, no seas gilipollas, me importa un carajo lo que hagas mientras no me jodas a mí".
Porque al fin y al cabo, no es un tema de nacionalidad, sino de personalidad, de actitud, de sapiencia, de clase.

Termina siendo más, "nosotros hablamos descaradamente de sexo porque somos calientes y nos gusta y no nos interesa si te gusta o no" v/s "nosotros vibramos con la música, es gravitante, saca ésa weá y pon esta canción de la muerte".

Y yo te miro, te veo bailar, moviendo tu cuerpo sinuosamente, con una leve torpeza infantil, tan pura, sexy bon bon, exquisita ven para acá.
Yo tomo tu mano y descanso, me enciendo, nuevos colores aparecen, dejo de oír parcialmente, me enfoco sólo en tí y no quiero más que hundirme en tu escencia, tu boca es una fuente inagotable de agua santa, el elixir puro de la vida.
Te veo dar vuelta los vasos obviamente, oigo romperse copas y ya sé que eres tú, mi amigo inevitable, o tú. Pero limpias siempre, vas un poco avergonzada y limpias, y me miras al pasar con esa cara divertida como diciendo: "pero te das cuenta?, cómo puede ser....". Y eres bella.

Y entonces, somos cuatro con los anfitriones exhaustos, y cabreados de la invasión infinita de pasteles, que llegan a las casas ajenas y se comportan como en su casa siendo que ellos viven en la nada y nosotros vivimos, al menos, en algo. Entonces bajamos la cortina invisible y escapamos levemente, sobrevolando a la mínima garuma, levitando en pequeños mundos inventados a pulso, precariamente ricos de sentido, de extravío naive, y, al fin y al cabo, con ciertos pequeños ideales alcoholizados, pero ideales al fin, quizás.

Entonces dame más de tu boca, dame más de tus manos, dame más el secreto lugar sublime de tu cuerpo, ése pequeño escondite donde muero la muerte del lobo verde, donde no entiendes porqué, porque no hay cómo entender, donde deposito mi más delicado beso. Invítame a dormir, sólo déjame abrazarte y sentir cómo el mundo gira y las horas pasan hasta amanecer, fundidos en nuestro propio calor, en nuestro pequeño amor, escapando hacia el infinito, en nuestro pequeño amor.