INUTIL
A medida que pasan los días, caen las hojas, caen las temperaturas, y caen también los sueños. Los días soleados a veces se llevan en el corazón, hay quienes tenemos ésa facilidad. Por suerte, soy de aquellas personas que tienen línea directa con el espíritu, y éste me brinda felicidad automática, sin motivo aparente, puedo ir sólo en el auto manejando y sentirme feliz, con total ánimo de cantar, bailar, reír.
Los problemas comienzan, y he aquí la encrucijada metafísica imposible de discernir, cuando entregamos amor a los otros. Surgen todo tipo de traumas, temores, complicaciones, malos entendidos, interpretaciones, etc. Un sin fin de complejidades mentales que interrumpen el flujo de dicho sentimiento.
Y sucede a todo nivel, amigos, hermanos, amadas...
¿Porqué la gente no es capaz de entregarse?
Siempre hay quienes entregan y quienes reciben, soy de los primeros. Lo cual no significa que no desee recibir. Pero soy capaz de poner al otro por sobre mí. Sin embargo, aunque uno no esté buscando recompenza, como en una transacción comercial, "ellos" se descompensan. Reaccionan mal. Tienen dudas, desconfianza, etc. Y ahí acaba todo.
Soy de los que siento lo que digo.
Como decía un amigo mío: "No sé lo que digo, pero puta que lo siento cuándo lo digo!".
Pareciera que la gente está tan acostumbrada a que le mientan, que parten de la base de que uno está mintiendo. Pero no siempre es así, y no lo saben. Entonces, se quedan siempre a la defensiva, aparentan estar al descubierto, pero no, bajo la piel de cordero, yace siempre un lobo herido y desconfiado, listo para lanzar sus garras y morder la mano que lo alimenta.
Es así como en el último tiempo, he visto desaparecer del horizonte a varios. Como si la guerra se los hubiese llevado, como si un cruento ataque terrorista los hubiese sezgado de la faz de la Tierra.
Mi padre, en verdad, es el único que ha desaparecido de la faz del planeta con su muerte, sin embrago, es al que más cercano siento.
Como dice un cómico argentino genial, que aún no averiguo cómo se llama:
"Mientras más quiero a los hombres, más conozco a los animales".
Cada vez parece haber menos gente.
A medida que pasan los días, caen las hojas, caen las temperaturas, y caen también los sueños. Los días soleados a veces se llevan en el corazón, hay quienes tenemos ésa facilidad. Por suerte, soy de aquellas personas que tienen línea directa con el espíritu, y éste me brinda felicidad automática, sin motivo aparente, puedo ir sólo en el auto manejando y sentirme feliz, con total ánimo de cantar, bailar, reír.
Los problemas comienzan, y he aquí la encrucijada metafísica imposible de discernir, cuando entregamos amor a los otros. Surgen todo tipo de traumas, temores, complicaciones, malos entendidos, interpretaciones, etc. Un sin fin de complejidades mentales que interrumpen el flujo de dicho sentimiento.
Y sucede a todo nivel, amigos, hermanos, amadas...
¿Porqué la gente no es capaz de entregarse?
Siempre hay quienes entregan y quienes reciben, soy de los primeros. Lo cual no significa que no desee recibir. Pero soy capaz de poner al otro por sobre mí. Sin embargo, aunque uno no esté buscando recompenza, como en una transacción comercial, "ellos" se descompensan. Reaccionan mal. Tienen dudas, desconfianza, etc. Y ahí acaba todo.
Soy de los que siento lo que digo.
Como decía un amigo mío: "No sé lo que digo, pero puta que lo siento cuándo lo digo!".
Pareciera que la gente está tan acostumbrada a que le mientan, que parten de la base de que uno está mintiendo. Pero no siempre es así, y no lo saben. Entonces, se quedan siempre a la defensiva, aparentan estar al descubierto, pero no, bajo la piel de cordero, yace siempre un lobo herido y desconfiado, listo para lanzar sus garras y morder la mano que lo alimenta.
Es así como en el último tiempo, he visto desaparecer del horizonte a varios. Como si la guerra se los hubiese llevado, como si un cruento ataque terrorista los hubiese sezgado de la faz de la Tierra.
Mi padre, en verdad, es el único que ha desaparecido de la faz del planeta con su muerte, sin embrago, es al que más cercano siento.
Como dice un cómico argentino genial, que aún no averiguo cómo se llama:
"Mientras más quiero a los hombres, más conozco a los animales".
Cada vez parece haber menos gente.



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